Hijos del castellano

Un articulo escrito por un amigo (david gonzalez) que no me apetece mucho escribir y bueno, el articulo mola asi que ahi lo dejo:

HIJOS DEL CASTELLANO

El más preciado tesoro de que disponen los hombres es su lenguaje. Ni joyas, ni templos, ni montañas, ni riquezas. Todas estas cosas se vuelven nada y espejismo sin palabras que las nombren. Este es el patrimonio que al mundo ha dado Castilla: el particular modo de nombrar (modo de pensar) que es el castellano. Por mucho que las piedras de sus torres sean antiguas, más lo son los términos que usan sus gentes; si arcaicas sus universidades, más la lengua en ellas impartida. Y es que su periplo se remonta a un ancestral valle de enigmáticas gentes; a los mares y los soles de una Hélade numinosa;  a la tierra pisada por Eneas, heredad de lobos. También pasó por los imperios del sur, allá donde habita el solitario Dios de la espada blanca y la piedra negra; por el frío norte con sus rudas gentes de rudos gruñidos y por el orgulloso pueblo de las montañas del Cáucaso. Impuso su cultura allende los mares y después fue visitado por aquellos que flageló, por sus términos arcanos y oscuros con que nombran al jaguar, esa jungla en movimiento. Le rindieron pleitesía todas las naciones y ante sus sabios pies todas ellas se postraron. Por caminos de estrellas le siguieron los galos y en fragatas hermosas los con botas calzados. Hoy la pérfida Albión le dona su sangre anglosajona y vikinga, quizá envenenada.
De todas las paradas algo aprendió nuestro idioma, se enriqueció con cada paso y se sublimó con los años. Generosa en ejemplos es Clío:
Los aqueos nos enseñaron en un ágora, la mayéutica; en la academia, la geometría; en su liceo, filosofía. Un macho cabrío cantó amargas tragedias en un teatro lleno de histriones, y Ganimedes nos mostró a Venus Urania y su Amor, que prenda a jóvenes efebos. Los psiquiatras son modernos ministros de Asklepios. Cada vez que un niño juega a polis y cacos, Ulises se regocija en su Ítaca última.
De los romanos nos es dada la intimidad de lo erótico y la solemnidad del Senado; el perfume de las rosas y aquella Rosa que no tiene perfume; los libros y la libertad, y sus intrincadas permutaciones (los libros que liberan, la libertad que escribe). Las vacas no darían leche ni la leche alimentaría becerros si el latín nos hubiese olvidado o nosotros a Él. Quiera Júpiter que permanezca en nuestros corazones el recuerdo de esta madre.
En la terra incognita de Germania han nacido todos los Carlos y nacerán todas las Elviras, por muy lejos que se encuentren de sus estepas nevadas. Invento de estos hielos es la aniquiladora guerra, que, sin embargo, necesita existir para poder ser negada.
De Cartago, amante del océano, muy poco nos tocó, tan sólo el poder de sus caracteres mágicos, que gozan del favor de los dioses. Y también su otro carácter: el imperio invencible que al final cayó, Dido ardiendo ante quien la matará dos veces.
El hijo pródigo de las cantábricas peñas nos quitó las vocales, pero regaló pizarras para protestar, arroyos que remontar e izquierdas por las que luchar.
Con la suave cantinela del muecín aprendimos el álgebra y los números, así como la belleza de las alfombras y los etílicos sueños del alcohol, pues el destino gusta de bromas e ironías. Ríos y villas llevan su sello de renglones sinuosos e inversos: ¡Oh, espejos de las aguas de las fuentes de la Alhambra!
De la inquietante melange de indios y colonos surgieron los etéreos horizontes de la pampa; la fiesta de color del aguacate y del tucán; las sílabas secretas del idioma primigenio y un Dios a la vez amargo y dulce: Chocolate.

Digno heredero de sus progenitores lingüísticos, surge por fin nuestro idioma en Castilla. Mas su nacimiento es humilde. El parto tendrá lugar entre libros, como no podía ser de otro modo, en los scriptorium de dos monasterios: San Millán y Silos. En el caso de las glosas Aemilianenses, las más célebres, un joven novicio vasco, las escribe como ayuda en su estudio de las latinas declinaciones. Así quedaron escritas por vez primera las palabras romances que ya circulaban por el pueblo llano. Pronto este idioma se alzó como distintivo propio de los castellanos, pieza fundamental en su identidad como pueblo, y fue sustituyendo poco a poco al latín en las esferas cultas. El último impulso se lo dio el Rey Alfonso X al patrocinar la Escuela de Traductores de Toledo, todo un hito en el desarrollo de nuestra lengua. Finalmente, con la conquista del Nuevo Mundo, el castellano se expandió por todos los confines del globo.

Muchos hallaron su vida y su muerte en estas mismas palabras con las que escribo. Entre las conmutaciones infinitas de la palpebral noche de los tiempos, los orfebres del lenguaje tallaron a Sancho y a Quijote, a Calisto y a Melibea, cual astrales azabaches engastados en inmenso vacío blanco. Las más variadas y bellas historias de las que ha sido capaz la Humanidad han hallado su materia prima en este nuestro materno idioma. Las hazañas, cuitas y desventuras de Rodrigo Díaz, los saltos del jovial Platero, los consejos del Conde Lucanor, Don Melón conquistando a Doña Endrina mientras luchan la Cuaresma y el Carnaval, las siempre insuficientes rimas de Bécquer, la atmósfera viciada de la casa de Bernarda Alba, las ficciones demoníacas del ciego Borges.
Todo esto: dragones, catedrales, caballeros, prostitutas, enamorados… todo esto está en los libros. Y ellos viven de alguna manera entre nosotros, como una sombra mil veces repetida, como un sentimiento recordado, como un eco del pensamiento del autor, como una chispa entre nuestras sienes. Son fantasmas que pululan por los páramos de Castilla, por las iglesias, por las bibliotecas, por los pasillos de allí donde haya papel impreso. No les vemos y no son tangibles, sino que pueden atravesar la burda materia, pero eso no significa que no estén allí, ni que sean poco importantes. Así como nuestros cuerpos atraviesan sin problemas las neblinas de una ciénaga; a los suyos, hechos de ideas, no les afecta nuestra sensible presencia. Son mucho más reales que nosotros, pues seguirán caminando y luchando cuando lo único que quede de nuestro cuerpo sean moscas o ceniza. Cuando nuestro nombre se pierda en el olvido al que todos nos dirigimos, ellos continuaran campantes en su universo de ideas. Hasta que arda el último libro, hasta que muera el último hombre.

Pero nuestro idioma es más, mucho más, que etimologías y ficciones. Nuestro idioma es nuestro pensamiento, nuestra única arma para comprender el mundo y a nosotros mismos. Pensamos con palabras, y las palabras condicionan nuestro pensamiento: la semántica es la anatomía de nuestra alma y la sintaxis su fisiología. Por eso es tan importante saber hablar correctamente, pues si hablamos mal, pensaremos mal y esto podría llevarnos a supuestos equivocados, prejuicios, injusticias y toda una vida basada en falacias, tan frágil es la realidad. En estas relaciones lingüísticas se encuentran sutiles lazos, misteriosos y oscuros vínculos con nuestras creencias, nuestra personalidad, nuestro modo de ver el mundo. Por eso el castellano no sólo nos permite comunicarnos a los hispanohablantes, sino comprendernos, en el más amplio sentido de la palabra: saber qué pensamos, qué nos motiva, cuáles son nuestras perspectivas.  Seas argentino, mexicano o español tendrás el mismo idioma y por tanto una raíz, una base, una semilla común a tus hermanos latinos, por muy diferentes que sean tus circunstancias. El idioma acerca los dos mundos, el nuevo y el viejo, más de lo que han podido hacerlo transatlánticos, satélites o cables submarinos. Y acercar continentes es muy de agradecer en un mundo de incomprensión, malentendidos y disputas y en el que se da
tantísima importancia a esas cicatrices de la Tierra llamadas fronteras.

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~ por najomartin en abril 13, 2008.

3 comentarios to “Hijos del castellano”

  1. Es mi idea najo, o estás muy filosófico? xD

  2. Juer pedazo entrada xD

    Por cierto, es “playsonic2.wordpress.com”, y no “crhisgta” por que he cambiado y tal.. xD Saludos ^^

  3. eran gases

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